Una grieta en un prado, la furia de una madre y un acuerdo forzado: El origen de las estaciones según la mitología griega
Por Gianella Di Benedetto.
La colosal diferencia entre el crudo invierno y la ternura primaveral es explicada por la mitología griega como la resolución de un conflicto entre dioses, a través de un mito que habla de amor maternal y negociación, pero principalmente de transformación.
Perséfone, la gran protagonista de esta historia, era una joven muy bella, hija de Zeus, dios del Olimpo, y Deméter, diosa de la cosecha y protectora de la fertilidad. Madre e hija siempre vivieron juntas, representando el amor plasmado en la fuerza de la creación y la inocencia de la juventud. Deméter velaba por Perséfone y se aseguraba de que sus días sean luminosos, alegres y saludables.
Una tarde de sol, la joven se encontraba junto a algunas ninfas y otras diosas disfrutando de la frescura del prado y sus flores cuando una grieta se abrió debajo de sus pies. Un carro se descubrió en la superficie y Hades, el dios del inframundo, tomó a Perséfone para llevarla con él. Su objetivo era que sea su esposa y deidad del Tártaro.
Cabe aclarar que, si bien este mito ubica a Hades como un villano, la realidad es que era el encargado del camino de las almas luego de su paso por la Tierra. No era su tarea torturar ni matar, sino ser justo y organizar el después de las almas. Así como también la riqueza debajo de la Tierra, como los minerales y piedras preciosas. Pero lo abordaremos en otro texto.
Volvamos a la grieta, que una vez cerrada dejó el terror instalado en las ninfas que se apresuraron a contar a Deméter lo ocurrido. La madre desesperada buscó a su hija sin cesar. Recorrió todo a su alcance y su tristeza era tal que descuidó sus tareas. Esto generó el impedimento de las cosechas y la humanidad se acercaba a una hambruna que la llevaría a su extinción. Sin importar las ofrendas, Deméter solo quería una cosa: a su hija de regreso.
Si bien en un primer momento Zeus no hizo caso a sus súplicas, al ver el desastre que implicaba que Deméter deje de obrar sobre la cosecha y la fertilidad, decidió intervenir y envió a Hermes, uno de los dioses más astutos del Olimpo, a negociar con Hades para que dejara ir a su prisionera.
De mala gana, el dios accedió, pero antes ofreció a Perséfone unas semillas de granada que ella aceptó y comió. Al volver con su madre, la dicha de ambas se detuvo un instante ante la pregunta que lo cambiaría todo: ¿comiste algo del inframundo? Perséfone dijo una verdad y una mentira. Aseguró que comió las semillas de granada, la verdad, porque Hades la obligó, la mentira. Lo que la joven no sabía era que al comer algo del reino debajo de la Tierra, estaba obligada a regresar.
Deméter exigió que esta situación se revierta. Zeus le explicó que esa ley no podía quebrarse, pero que se podía llegar a un acuerdo. De este modo los dioses acordaron que Perséfone pasaría la mitad del año con su madre, lo que marcaría la primavera y el verano, dado que la dicha de Deméter se derrama en las cosechas, y la mitad con su esposo Hades como reina del Tártaro, el otoño y el invierno, cuando la tristeza de la diosa se apodera de su ímpetu y las cosechas quedan en pausa.
Si bien esta separación significó para Deméter vacío y enojo, para Perséfone fue transformación. Durante el tiempo con su esposo Hades era la diosa del Tártaro, con responsabilidades tan importantes como el paso de las almas a su nueva vida. Supo transmutar la oscuridad en revelación y es la mayor conocedora del camino hacia el inframundo, aquel que genera miedo y que para ella es hogar.
De la misma manera que son hogar los prados que su madre prepara para ella. Envueltos en colores y aromas dignos de una bienvenida siempre feliz. Este mito, además de explicar las estaciones del año, pone de manifiesto que la oscuridad y la luz son parte de lo mismo, y que todo florece a su debido tiempo.
¡Feliz primavera!
