Clarice Lispector: Traducir el silencio

Clarice Lispector: Traducir el silencio

21 diciembre, 2025 Off By Redacción

No era adepta a dar entrevistas, de hecho, era reconocida entre los periodistas de la época como una figura difícil, pero la verdad es que, investigando sobre ella, no creo que haya sido alguien inaccesible, sino que esta negativa radicaba en preferir observar el exterior para comprender su interior, por eso hablar de ella no le parecía productivo. Tampoco hablar sobre sus obras, a las que definía como no propias una vez publicadas. No había pertenencia, sino descubrimiento constante.

Sin embargo, a veces accedía a hablar de ella. Era escueta y precisa, pero con sus pocas palabras permitía espiar su pensamiento. “Lo único que me preocupa es captar la realidad íntima de las cosas y la magia del instante” explicaba Clarice en una entrevista a la revista Crisis, y a partir de esta confesión podemos vislumbrar su fascinación por lo cotidiano, eso que está ahí y de tanto estar ya no vemos.

Así como la estructura ósea, que, tal como Lispector aseguró en alguna de sus contadas entrevistas, era la única que le importaba, dejando en claro que la hibridación de géneros era lo que podía describir de manera técnica su obra.  

Vida y crisol

Chaya Pinjasovna nació el 10 de diciembre de 1920 en Ucrania, pero al poco tiempo toda su familia se vio obligada a huir de la violencia del antisemitismo. Primero llegaron a lo que hoy es Moldavia, luego a Rumania y, más tarde, a Brasil. Fue allí cuando su nombre hebreo Chaya, que significa “vida”, pasó a ser Clarice, sinónimo de claridad y luz, casi como un preámbulo de su inigualable talento para traducir la humanidad en palabras.

Casada con un diplomático brasileño, la escritora vivió fuera del país de 1944 a 1959 (Italia, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos). Cuando se separó, regresó a Brasil, donde vivió hasta su muerte, el 9 de diciembre de 1977, un día antes de cumplir 57 años.

Si bien se recibió de abogada, sabía que lo suyo era escribir. A sus 21 años publicó Cerca del corazón salvaje (1943): una novela que había escrito a los 19 y con la que comenzó una carrera imparable. Ya con este primer libro obtuvo el Premio Graça Aranha como la mejor publicación de ese año. Además, escribió distintos artículos en la prensa brasileña.

Más tarde llegaron nuevas obras que fueron parte del camino que la consagró como una de las autoras más notables de su generación: O lustre (La araña, novela, 1946). A cidade sitiada (La ciudad sitiada, novela, 1949). Alguns contos (Algunos cuentos, 1952), Laços de família (Lazos de familia, cuentos, 1960). A maçã no escuro (La manzana en la oscuridad, novela, 1961), A legião estrangeira (La legión extranjera, cuentos y crónicas, 1964). A paixão segundo G.H. (La pasión según G. H., novela, 1964). O mistério do coelho pensante (El misterio del conejo pensante, cuento policial para niños, 1967), A mulher que matou os peixes (La mujer que mató los peces, cuento para niños, 1968). Uma aprendizagem ou O livro dos prazeres» (Un aprendizaje o El libro de los placeres, novela, 1969), Agua Viva (noveIa, 1973), ¿Onde estivestes de noite? (¿Dónde estuviste de noche?, cuentos, 1974), A via Crucis do corpo (La vía crucis del cuerpo, cuentos, 1974) y De corpo inteiro (De cuerpo entero, entrevistas, 1975).

¿Por qué Clarice?

“Los temas tradicionales y costumbristas que tenían que ver con las mujeres, la maternidad, el cuidado de la casa y los hijos ya se habían escrito antes, pero nadie lo había hecho como ella. Tal vez esa vuelta de tuerca supuso para Clarice un nuevo idioma. Pero otra parte de su extrañeza del estilo y la forma pueden atribuirse a su necesidad de inventar y de transmitir sensaciones más allá de hechos. Cualquiera que lea sus historias de principio a fin se verá afectado por una búsqueda lingüística incesante y una inestabilidad gramatical que impiden leer con demasiada rapidez y a veces no entender el significado a la primera”, comentó el español Alberto López, quien escribió sobre la vida de Lispector.

Clarice escribía por la mañana y anotaba sus ideas por la tarde. En pequeños pedazos de papel o en algunos cuadernos. A partir de esas anotaciones fragmentarias reunidas a lo largo de los años, construía sus libros. Eclécticos, íntimos y desafiantes.

A más de cien años de su nacimiento, Clarice Lispector sigue redefiniendo la escritura. La posiciona como necesidad vital, y de esa manera, sus textos se convierten en el resultado de lo que existe y necesita ser contado. Tal vez por eso no releía sus obras, se desprendía de ellas una vez publicadas. Creo que desde sus profundos ojos, que parecían tallados para intimidar y traspasar lo tangible, Clarice tenía la capacidad de contar la complementariedad de la cotidianeidad, el misterio, la belleza y la complejidad de estar vivos.