Artemis II: Volver a la luna

Artemis II: Volver a la luna

14 diciembre, 2025 Off By Redacción

“Fuimos a verlo a la casa de una vecina y me senté en una sillita de madera oscura frente al televisor, que era muy pequeño, en blanco y negro. Cuando vimos las imágenes festejamos como si fuese un mundial”, estas palabras de mi madre me quedaron grabadas, por el nivel de detalle, porque aún no me había pasado (esto de recordar “dónde estabas cuándo…”) y porque se trata del relato más cercano que escuché sobre el día que el hombre llegó a la luna.

Como mi madre, creo que cualquier persona frente a un televisor aquel 20 de julio de 1969 recuerda con la misma precisión dónde estaba, con quién y qué sintió cuando Neil Amstrong se bajó del Apolo 11 para convertirse en el primer ser humano en pisar la Luna. Porque ese día marcó mucho más que el éxito de una misión espacial, fue un velo que se corría para acercar a la humanidad a los secretos del universo.

El anhelo por conocer esa inmensidad que abraza los planetas y que nos regala espectáculos lumínicos que podemos disfrutar desde nuestro conocido espacio terrenal, ha sido el atractivo de muchas civilizaciones a lo largo de la historia. Y hoy, aunque con numerosos avances y gran tecnología, el ser humano continua su eterno descubrimiento y aprendizaje sobre el espacio y su magnificencia.

Como parte de esta exploración, pero más de medio siglo después del paso más famoso de Amstrong y de la misión del Apolo 13 en 1970, el 1 de abril de 2026 la misión Artemis II volvió a llevar a humanos al entorno lunar. A bordo de la nave Orion, los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen conformaron el equipo a cargo de volver a la luna.

El objetivo era claro: la nave debía despegar, alejarse de la Tierra, pasar por el entorno lunar, regresar y completar el reingreso con una tripulación de cuatro personas. Artemis II fue el primer vuelo tripulado del programa Artemis y la primera misión con astronautas del sistema SLS-Orion. La NASA la definió como un paso clave hacia su regreso sostenido a la Luna y futuros vuelos a Marte.

La misión buscó poner a prueba sistemas, procedimientos y desempeño del vehículo en espacio profundo. La lista de actividades incluyó operaciones manuales de la nave, control de actividades automáticas, chequeo de sistemas de soporte vital, propulsión, energía, control térmico, navegación, observaciones lunares y estudios vinculados con la salud humana en misiones de larga duración.

El inicio del viaje

La salida definitiva de la órbita terrestre fue el 2 de abril y la NASA destacó ese momento como el punto en el que, por primera vez desde 1972, personas a bordo de una misión de la agencia dejaban la órbita terrestre con rumbo al entorno lunar.

Con la nave ya en camino, la tripulación realizó su rutina de ejercicios, siguió protocolos médicos, probó equipos de supervivencia, chequeó interfaces de cabina y avanzó con las distintas tareas previstas para evaluar la habitabilidad de Orion.

El lado oculto de la Luna

El 6 de abril la nave logró realizar su paso por la cara oculta de la Luna, lo que impuso un silencio de radio absoluto de aproximadamente 40 minutos. En ese lapso, las ondas de comunicación resultaron bloqueadas por la masa del satélite, lo que dejó a la Orion fuera del alcance de la Red del Espacio Profundo de la NASA.

Durante ese trayecto, la nave pasó a 6545 kilómetros de la superficie lunar. Dos minutos después alcanzó la máxima distancia de la misión respecto de la Tierra: 406.785 kilómetros y estableció un nuevo récord para el vuelo humano más lejano.

Tras recuperar el contacto, los astronautas presenciaron un eclipse solar total que solo fue visible desde su posición privilegiada en el espacio. Durante 57 minutos, la Luna bloqueó el Sol y permitió el estudio directo de la corona solar, la capa más externa y radiante de la estrella, con anteojos especiales de protección.

El regreso a casa

Con las tareas de observación concluidas, la nave inició su escape de la esfera de influencia gravitatoria lunar para emprender el camino de retorno.

El 10 de abril, a las 20:33 el módulo de servicio se separó de la cápsula. A las 20:53 la nave alcanzó la atmósfera terrestre a 121 kilómetros altura y 35 veces la velocidad del sonido. Finalmente, a los 1600 metros se abrieron los tres paracaídas principales, que guiaron el descenso en el Pacífico, frente a San Diego.

Éxito transversal

Además del gran valor técnico que aportó la misión, al poder observar la habitabilidad de la nave y las posibilidades reales de un viaje de estas características, este evento significó el encuentro de dos generaciones y la renovación de un interés que nos caracteriza como humanidad: el universo.

La expectativa, la emoción y las imágenes de una cara de la Luna que no conocíamos nos brinda sorpresa en un mundo donde a veces creemos haberlo visto todo. Si bien este 1 de abril no será aquel famoso 20 de julio que recibió el nombre del “Día del Amigo” por la unión de la humanidad con el universo, se trata de un hito del nuevo siglo que se comunica con una pregunta que atraviesa el tiempo: ¿qué hay más allá de lo que vemos?

Fotos: NASA.