Lola Mora: Tallar la historia

Lola Mora: Tallar la historia

14 abril, 2026 0 By Redacción

Se llamaba Dolores Candelaria Mora Vega y dos provincias se disputan su lugar de nacimiento, Tucumán y Salta. También hay dudas en cuanto al año en que llegó al mundo, hay versiones que aseguran que fue en 1866 y otras en 1877. Pablo Mariano Solá, su sobrino bisnieto y biógrafo, confirma que el cielo tucumano de abril de 1887 fue el que vio nacer a Lola Mora, la primera escultura de la Argentina.

Fue la tercera de siete hermanos y realizó sus estudios primarios en el Colegio Sarmiento de Tucumán. Su vocación de artista afloró temprano, destacándose en materias como dibujo y piano. Cuando tenía 18 años sus padres fallecieron con dos días de diferencia, lo que significó el primer gran golpe de su vida.

El arte se abre paso

Dos años después del trágico final de sus padres, Lola conoció al pintor italiano Santiago Falcucci y tomó clases para profundizar sus conocimientos de pintura y dibujo. A partir de esta mentoría, se acercó a técnicas que venían del neoclasicismo y el romanticismo europeos.

Desde entonces Lola empezó a retratar a diferentes personalidades de Tucumán, y en 1894, exhibió por primera vez una gran colección de todos aquellos retratos de los gobernadores tucumanos que produjo hasta el momento. La muestra recibió muy buenas críticas. Su maestro Falcucci expresó una vez sobre uno de los retratos: “Era la copia de una fotografía, pero tenía todo de propio, de individual en la factura”. Más tarde, donó esta misma colección íntegramente a esa provincia del norte.

A partir de este éxito, el paso siguiente fue viajar a Buenos Aires para solicitar una beca y perfeccionar sus estudios en Roma. En la capital italiana estudió con el pintor Francesco Paolo Michetti, pero es a partir de las clases del escultor Giulio Monteverde (conocido como “el nuevo Miguel Ángel”) que Lola decide abandonar la pintura para convertirse en escultora.

Su paso por Europa fue sumamente fructífero. Recibió reconocimiento, prestigio e incluso galardones como una medalla de oro en París. El 1900 regresa a la Argentina y los encargos son inmediatos.

¿Cuáles son sus obras?

Realizó los bustos de varias personalidades de la política y la aristocracia argentina, como Juan Bautista Alberdi, Facundo Zuviría, Aristóbulo del Valle, Carlos María de Alvear y Nicolás Avellaneda. También trabajó con las alegorías: las estatuas de La Justicia, El Progreso, La Paz y La Libertad, en las cercanías a la Casa de Gobierno de la Ciudad de Jujuy, y algunas esculturas en el Monumento Histórico Nacional a la Bandera, en la ciudad santafesina de Rosario.

Lola Mora es la creadora de la Fuente de las Nereidas, que representa a estos seres mitológicos que asisten al nacimiento de la diosa Venus, para ser dispuesta en la Plaza de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires, justo frente a la Catedral. El problema es que este conjunto de divinidades de la mitología romana mostraba la desnudez de los personajes femeninos y ciertos sectores porteños sostuvieron su descontento. Es por eso que, para evitar el escándalo, se la emplazó en la Costanera Sur.

“No pretendo descender al terreno de la polémica; tampoco intento entrar en discusión con ese enemigo invisible y poderoso que es la maledicencia. Pero lamento profundamente que el espíritu de cierta gente, la impureza y el sensualismo hayan primado sobre el placer estético de contemplar un desnudo humano, la más maravillosa arquitectura”, expresó Lola Mora ante la polémica.

Otras de sus notables obras son los altorrelieves que le encargó el Gobierno Nacional, con motivo de la remodelación que estaba en marcha en la Casa Histórica de Tucumán. Allí, representó el 25 de mayo de 1810, en los balcones del Cabildo de Buenos Aires.

Otras de sus obras se pueden apreciar en el acceso a la capilla de la bóveda de la familia López Lecube, en el Cementerio de la Recoleta. Son dos figuras realizadas en mármol: una en actitud meditabunda y otra mirando al infinito. Una de las figuras tiene uno de los sostenes del vestido caído, dejando su hombro un tanto descubierto. Las señoras de la época, otra vez, presentaron reclamos al Director del Cementerio para solicitar el retiro de esa estatua por considerarla “obscena”, ya que no se trataba de una obra destinada a un lugar sacro.

La leyenda

De su vida íntima se sabe poco. Lo cierto es que a sus 42 años se casó con un empleado del Congreso Nacional, Luis Hernández Otero, 17 años más joven que ella, y de quien se separó a los cinco años de casada en 1917. Algunas versiones afirman que los encargos cesaron desde entonces, y su carrera comenzó a apagarse.

A los 65 años, con una salud muy frágil, vivía con sus sobrinas. La Cámara de Diputados, por su parte, le otorgó una pensión en honor a sus años de gloria. Sin embargo, Lola Mora murió el 7 de junio de 1936, antes de cobrar el dinero.

En su memoria y a modo de homenaje, se instituyó oficialmente el 17 de noviembre (supuesta fecha de su natalicio), el Día Nacional del Escultor y las Artes Plásticas.

Lola Mora desafió a su tiempo, se enamoró del arte y su talento y disciplina le otorgaron un lugar en la historia. Su recorrido es inspirador no solo por la belleza de su obra, sino también por la grandeza de su valentía y la firmeza de sus convicciones.

Fuente: Secretaría de Cultura del Gobierno Nacional.