¿Qué pasó con Euphoria?
Advertencia: Este texto es un gran spoiler hasta el capítulo 6 de la temporada 3.
Cinco años después de egresar del colegio ¿eras la misma persona, con las mismas inquietudes y urgencias? Lo más probable es que algo haya cambiado, quizás no la esencia, pero puede ser que al salir de la burbuja de la secundaria algunas prioridades se reacomoden para dar paso a otras.
Este comportamiento se plasma de lleno en la tercera temporada de Euphoria. Aunque muchos de sus fans hubiesen preferido ver problemas adolescentes en bucle, la serie resurge más cruda y desafía el futuro que cada espectador esperaba para los personajes, marcando así rumbos inesperados pero plausibles.
Las tramas son variadas, y si bien la protagonista es Rue, nos centraremos en dos íconos de esta historia: Maddy y Cassie. El contrapunto que desafía lógicas y sumerge al espectador en una ansiedad constante por ver cuándo, cómo y dónde, sin tener muy claro qué.
La deuda
Su mejor amiga recorre los pasillos del colegio de la mano de su exnovio abusivo, luego de una relación clandestina de la que se enteró porque una cuarta persona lo expuso. Parece ser la pesadilla de cualquier estrella del colegio, pero ella no es una popular más, Maddy sabe que mostrar fortaleza es el único camino posible en la vida, y este acontecimiento no la va a derribar porque no la define.
De todos modos, hay algo que no cierra, ¿por qué Maddy no destruyó emocionalmente a Cassie conociendo de primera mano su fragilidad?, ¿por qué decidió simplemente alejarse como parte de una conducta de aceptación que se puede percibir injusta para ella? No nos interesa ver a una Maddy bajo el mediocre manto de “las cosas pasan por algo”, necesitamos que se despierte y ponga las cosas en su lugar: ella en la cima, sus enemigos debajo. Por eso esta tercera temporada es suya. ¿Es suya?
El telón se corre y nos muestra a una Maddy imponente, trabajando para una representante de estrellas a quien convenció de su eficiencia abordándola en un restaurante y atendiendo su teléfono sin permiso. Sí, una acción que terminaría probablemente con intervención policial en la vida real, en el universo Euphoria es la génesis de la línea narrativa de un personaje. Pero esto no es lo que más hace ruido de la Maddy adulta, ojalá lo fuera.
No tarda mucho en darse cuenta que puede hacer su propio camino y se embarca en la representación de una chica ávida por mostrarse. Sin embargo, a pesar de que Maddy es artífice de su éxito, debe dar un paso al costado acorralada por su jefa: camino independiente o trabajo estable. Y como siempre, su mente fría actúa sin perder el objetivo, habrá éxito individual, pero no ahora. Maddy demuestra una vez más que sabe esperar, lo que nos da la esperanza de que al fin hará justicia con Cassie, que de una vez por todas la obligará a hacerse cargo de su traición y la observará marchitarse en sus mentiras.
Pero la esperanza dura poco. Un llamado de su ¿ex? mejor amiga la sorprende con una propuesta de cita. Accede. Planea su llegada, todo es perfecto. Maddy hace su entrada triunfal envuelta en un inexplicable abrigo de piel caminando entre personas en traje de baño, hasta que se encuentra con la mirada de desprecio y sorpresa de Cassie, quien le dice “te ves fabulosa”, masticando la bronca de no haberla humillado como creía.
En la reunión Maddy se entera de que quienes la traicionaron se van a casar. Finge que no le importa e incluso da su bendición. Se enfoca en el ámbito profesional, y ve a su examiga como una potencial cliente: vulgar, sola y desesperada por fama. Entonces de nuevo, nos ilusionamos con el golpe final, lo imaginamos, queremos que pase, pero confiamos en los tiempos de la protagonista no oficial de Euphoria.
La boda tampoco es el momento de clavar puñales. Todo lo contrario, Maddy parece triste, apática, casi derrotada. ¿Qué pasa con el equilibrio que esperamos? ¿Por qué fue a esa celebración si no la iba a arruinar? Desconcertados, seguimos confiando.
Las cosas se salen de control para los recién casados. Nate termina con un dedo cortado y Cassie con su vestido manchado por la sangre que sale de su nariz golpeada. Los acreedores del novio no solo lo amenazaron durante su boda, sino que además lo interceptaron en su casa para que la noche de bodas sea en un hospital. Es aquí cuando coqueteamos con la idea de justicia kármica, igual de mediocre que el concepto “las cosas pasan por algo”, pero no nos alcanza, Maddy no gana, falta algo.
Luego de una revelación barata de su reciente marido, Cassie arma las valijas. Es Maddy quien la rescata y pensamos que lo hace para beneficiarse de ella, explotar al máximo su imagen y luego soltarle la mano, siendo consciente de que su exmejor amiga, con su criterio, lo más lejos que puede llegar es al hospital a acompañar a su esposo deudor a que le cosan un dedo después de un ataque mafioso.
Y en efecto sucede. Cassie se convierte en una verdadera estrella de OnlyFans, pero es Maddy la arquitecta del éxito. Ella le dice qué ponerse, qué decir, cómo posar, qué hacer y qué evitar. Incluso la introduce en círculos de influencers famosos, uno en particular que será el centro de lo ¿inesperado?
La traición llega de nuevo. Y quien la pone sobre la mesa es otra vez Cassie, que quiere buscar nuevos horizontes profesionales de la mano de esta estrella de internet que le promete todo lo que ella quiere escuchar. Ya en este punto nos rendimos. Maddy no podrá jamás dar vuelta el partido. Se aferra a un pasado que la dañó pero no lo equilibra, solo se expone más. El batacazo nunca llega. Y nuestra protagonista parece haber estado esperando esto. Pero si es así ¿por qué gastó tanto tiempo y energía?
Aunque Maddy tenga un as bajo la manga y recupere a su representada, su manera de abordar la situación, casi cuidándola como a una niña, no se entiende. No es lo que esperamos de este personaje. Si decidió finalmente no vengarse, ok, es aceptable, ¿pero por qué se expondría una y otra vez a la torpe maldad de Cassie? ¿Por qué todavía la extraña? ¿Por qué cree que se merece las traiciones solo si vienen de ella?
Maddy creció y el colegio quedó atrás. Ya no es la popular de su ecosistema y la humillación pública a la que fue sometida quedó encerrada en uno de los casilleros de la escuela. Sin embargo, ella vuelve a abrirlo una y otra vez, sin decidirse a atacar pero tampoco a olvidar, mientras se estanca en las autopromesas de un éxito que ella misma patea hacia adelante.
La temporada no terminó, lo que hace que mis ilusiones tampoco. Pero sin decisión no hay futuro, y quién fue el faro de la seguridad en la génesis de Euphoria, hoy camina dormida en nubes de nostalgia. ¿Despertará antes de que la palabra Fin irrumpa en nuestras pantallas? ¿o tendremos que soportar el deterioro de un ícono de la seguridad convertido en una caperucita engañada una y otra vez por el mismo lobo?
